Vivir en Andújar (Noviembre 2019)

Rafael Flores

Con motivo del 40 aniversario de la primera conferencia mundial sobre el clima nada menos que once mil científicos de 153 países han vuelto a poner de manifiesto la emergencia climática que padece nuestro mundo y la imperiosa necesidad de cambiar de manera radical nuestra relación, nuestra interacción, con la naturaleza.

Ciertamente el tema no es nada nuevo pero si lo es la aceleración con la que se están produciendo las alteraciones en los diferentes ecosistemas que conviven en nuestra planeta: extinción de especies animales, cambio climático con la proliferación de huracanes devastadores, gotas frías cada vez más frecuentes, subidas en el nivel de mares y océanos, contaminación y un largo etcétera.

Todas estas amenazas afectan de manera muy significativa a la biodiversidad que no es otra cosa que el conjunto de organismos vivos de todo tipo que pueblan nuestro planeta, desde animales y plantas, hasta virus o bacterias y, como no, los espacios o ecosistemas de los que forman parte.

Pues bien, y bajando al ámbito de lo local que es lo que en este caso nos ocupa, Andújar y su entorno es un ámbito de extraordinaria riqueza en cuanto a biodiversidad se refiere, que va mucho más allá del recurrente, por evidente, pulmón que supone el Parque Natural de la Sierra de Andújar cuyas excelencias, tanto en flora como fauna, han sido sobradamente reconocidas.

Quizás esa exuberancia haga que no prestemos atención a otras realidades que, junto a la ya citada de nuestra sierra, hacen esta tierra un entorno de verdadero privilegio en cuanto a biodiversidad en otros tres ámbitos diferentes como son el olivar, la ribera y la dehesa.

El olivar debe ser considerado un cultivo estratégico para la conservación de la naturalezaya que ocupa grandes extensiones, con más de 5 millones de hectáreas en Europa, la mitad de ellas en España, conviviendo con otras especies, tanto vegetales como animales, ya que al tratarse de un cultivo arbóreo es capaz de crear ambientes propicios para ser ocupados por la fauna.

Por su parte la ribera del Guadalquivir, a su paso por Andújar como parte de sus 657 kilómetros, y que debería ser todo un símbolo para nuestra ciudad, como lo es para otras como Córdoba o Sevilla, dispone de una extraordinaria variedad vegetal en sus estratos arbóreo, arbustivo y herbáceo, como animal con aves, mamíferos, anfibios y reptiles, además de las especies piscícolas.

Y por último nuestra dehesa. Bajo el título de ‘El toro bravo, guardián de la biodiversidad’, la Unión de Criadores de Toros de Lidia ha vuelto a llevar esta realidad al Parlamento Europeo una exposición que ha puesto de manifiesto como los desafíos contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad están perfectamente alineados con la defensa de la crianza del toro bravo por su contribución socio-medio-ambiental.

Tres ecosistemas, sobre los que se ciernen amenazas, y de cuya riqueza los hombres y mujeres de Andújar, empezando por nuestros representantes políticos, hemos ser firmes defensores a la luz de los retos que el inmediato futuro nos plantea.

 

Por Redacción

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